20 de marzo de 2009

Tengo el día filosófico...¿Se me nota mucho?


Carta a cualquiera que le apetezca leer...

 

Vida. Palabra extraña, palabra ambigua. ¿Qué es la vida? La vida es tiempo. Tiempo corto, breve y conciso. Pero no...tiene que ser algo más...aunque, ¿Tiene realmente que serlo? ¿Qué vivimos? Vivimos unos pocos años, nacemos, jugamos, nos volvemos adolescentes, más tarde jóvenes plenos, luego adultos, y avanzando un poco más llegamos a ancianos. Y después...nada. El vacío. Porque hay quien dice que hay algo después...yo soy de esas personas, pero, no sabría decir que es ese algo. Por lo tanto, de momento, llamémoslo vacío. Pero a parte del vacío, que tanta importancia parece tener en nuestras vidas, ¿Qué hay? A nosotros nos parece mucho...Cuando somos niños, jugamos, hacemos amigos, haces un dibujo, te caes, te haces una herida, te castigan, aprendes cosas...todo esto, cuando te sucede, te parece lo más importante del mundo...como si el Universo girase entorno a tu  pequeña herida. Años más tarde, llegada la adolescencia, todo eso te parecen tonterías, puras niñerías, pero en cierto modo sigues pensando igual. Pues te parecen bobadas las cosas vividas que antes te parecían importantes, pero no te parecen bobadas las que vives ahora. Porque claro, ¿A quién no le importa tu nuevo novio? ¿O qué hay más interesante que tus amigos? ¿Qué puede importar más que tu último examen? El mundo gira en torno a esas cosas. Pero los años siguen pasando, y nuevamente vuelve a suceder. Uno llega a adulto, y se da cuanta que aquel novio, aquellos amigos y aquel examen, no eran más que tonterías. Porque en el fondo no le importan a nadie. Ni siquiera a ti mismo, que has madurado. Ahora, sí tienes cosas importantes. Tu trabajo, tu mujer tus hijos...donde va a parar. ¡Eso sí es importante! Pero la vida avanza, y las cosas vuelven a cambiar. Poco a poco, has ido perdiendo a tus seres queridos, has dejado de hacer cosas, de divertirte de salir...y antes de que te des cuenta, te has convertido en un anciano. Entonces, te sigue importando la familia pero...está en otro plano. En muchos casos, ya ni siquiera están ahí. Entonces dices, ¿Qué ha sido de mi vida? Y te das cuenta, de que la has echado a perder. Te ibas preocupando cada vez de unas cosas, cada vez de unas personas, sin preocuparte de la propia vida. Del tiempo. De que se acaba. Y ahora...ahora ya no hay remedio. Cada palabra, cada aliento, cada suspiro, es un segundo perdido que la vida nos arrebata. Y poco a poco, el reloj sigue avanzando. Hasta que para ti, se para. Y digo bien: para ti. Porque cuando eres anciano, lo que te preocupa equivaliendo a las heridas, los novios o el trabajo, es el final. Tu final. Y como el resto de las cosas, una vez que pasa, a nadie le importa. Se llora unos días (y quien llora) y después se olvida. Pasas a ser una parte muerta del mundo. Y finalmente, cuando ya nadie recuerda tu nombre, desapareces. Uno llega por la vida, pasa y se va. Una corta visita, en la que muy pocos dejan huella.

 

Y ahora, yo digo, ¿Seré yo uno de esos pocos?

No hay comentarios:

Publicar un comentario