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ara corrió lo más rápido que pudo. Sudaba por todos los poros y el ritmo de su corazón parecía una alarma que le recordaba su agotamiento cada segundo. “Un poco más” se decía a sí misma. Ya vislumbraba la esquina tras la cual tal vez despistase a su perseguidor. No podía más. El pasillo parecía interminable y Lara pensó que se desmayaría en cualquier momento. Jamás había corrido ni tan rápido ni tanto tiempo, pero su vida dependía de que pudiera hacerlo en aquella ocasión. “Unos metros más, ¡Sólo unos metros más!” gritaba desesperada la voz de sus pensamientos. Oía los pasos tras ella, que avanzaban ligeros, rápidos y letales. La iba a alcanzar, no tenía escapatoria. Por más que corría no alcanzaba la esquina y ya casi podía sentir el aliento de su extraño enemigo en la nuca. Su sombra negra avanzaba implacable por el corredor, acercándose cada vez más a su objetivo, que se agarraba a la vida con todas sus fuerzas. Al fin, Lara alcanzó la condenada esquina que recordaría el resto de su vida y se internó por una puerta destartalada. Intentó no hacer ruido, para que su captor desconociera su posición. Se metió en un baño, echó el pestillo y se subió instantáneamente a la taza. Con el corazón en un puño, Lara escuchó como los pasos se iban aproximando a ella. Eran el único sonido que rompía un siniestro silencio. Caminaba despacio, marcando el compás de los últimos segundos que Lara recordaría. Mientras, ella se encogía sobre la taza, observando a una rata entrar en su baño. Antes de que pudiera reaccionar, esta le mordió el tobillo, haciéndole soltar un breve gemido. Entonces los pasos sonaron más fuertes y seguros, encaminándose a la cabina de la que procedía el sonido. De un empujón derribó la puerta. Lara cerró los ojos sintiendo como una robusta sombra se cernía sobre ella. La suerte estaba echada.
Bueno, un beso, y ya sabeis, en la justa medida, sed buenos ;)
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