Buenos días gente...hoy también publico por matar el tiempo (y sí, ya me he aprendido las capitales de África..¬¬)
No se que escribir, y para no colgar otra caqui-entrada como la de ayer, dejo un micro-relato de esos míos...
Estaba allí sentada, con una botella de ron, un horrible dolor de cabeza y una punzada de culpabilidad en el alma. Ella lo sabía, sí, pero ya no había remedio. El antiguo disco de vinilo daba ya su tercera vuelta, mientras empinaba el codo y echaba otro trago. Tenía apenas veinte años..¿O eran veinticinco? Ya ni se acordaba...estaba demasiado borracha como para acordarse de nada. Pero de lo que si se acordaba, es que había echado a perder todo. Su familia, sus estudios, sus amigos...lo dejó todo. ¿Y por qué? Por un imbécil que la robó en su día el corazón. El corazón, la cartera y parte de su cartilla. No era más que un truán. Un truán mentiroso y cruel que le había arruinado la vida. Y ahora...ahora nada. No le quedaba más que la botella medio vacía, sus vinilos de jazz y aquel piso destartalado. Fue un error, eso es cierto. Pero todo el mundo comente errores, ¿no es así? Tal vez no, tal vez no esos errores, pero...tenía que intentarlo. Tenía que intentar ser feliz, aunque...luego se estrellase sin remedio. Porque al fin y al cabo, no fue más que un espejismo, falsa ilusión, falso amor. Él no la quería. Y ella pudo darse cuenta, pero en el fondo no quiso verlo. Era más feliz en su ignorancia. Pero todo ignorante, acaba viendo la luz. Y en la mayoría de los casos, le ciega.
¿Qué podía hacer? Bebió la última gota de ron que le quedaba y cogió su viejo cuchillo...
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