23 de diciembre de 2009

.


Madrid. La capital. Estaba preciosa aquel día... todo lleno de luces, los niños riendo, cientos de personas paseando de tienda en tienda... es lo que tiene la Navidad. Esa increíble capacidad de llegar a cada uno de nosotros y hacer que, por unos días, seas feliz. Aunque... no todo el mundo se contagia por este virus anual.


Él estaba allí, sentado. Aquellas escaleras de centro eran como su segunda casa. Miraba al restaurante situado justo en frente de él. “La Casa Del Pulpo”, o algo similar. La gente salía y entraba. Reían. Él observaba impasible, sin comprender las risas lejanas. Se acercó a él una mujer de mediana edad, muy delgada, casi esquelética, con ropas que podría haber sacado de cualquier contenedor.


-         Buenas tardes, Grace- dijo él, intentando adquirir un tono amable.


-         Casi noches, Alex- respondió la mujer, mientras dibujaba en su rostro una sonrisa torcida.


Entonces Alex se levantó, dejando a la mujer un billete azul en sus manos.


-         Muchas gracias, hijo.


-         Ya sabes que no tienes porque dármelas.


Comenzó a andar, hacia ninguna parte, como solía hacer mientras meditaba. No podía dejar de pensar en Grace. “Gracias a ese billete, hoy comerá y mañana tendrá un buen desayuno... ¿Pero que hará cuando llegué la hora de la comida?”. Le daban asco. Todos aquellos empresarios que salían de la Casa Del Pulpo. Las chicas de su edad a las que no les cabían más bolsas en la mano. Los ancianos que fumaban puros mirando a sus nietos. Todos. Eran repugnantes. La sien le palpitaba, mientras intentaba escapar de allí. Ya no podía soportarlo. Esas luces, la música... definitivamente odiaba la Navidad. Torció una esquina, y se adentró en una calle estrecha. No sabía su nombre.. eso era lo de menos. Se le acercó una chica rubia, muy ligera de ropa teniendo en cuenta las fechas.


-         Buenas noches, cielo- su voz inspiraba tabaco y whisky. Parecía tener diez años más de los que seguramente tendría.


-         Cómprate un abrigo y unas botas. Te vendrá bien- depositó otro billete en sus manos ásperas de uñas rojas.


-         Pero... ¿Te vas?


-         No quiero tus servicios.


Siguió andando mientras la chica miraba incrédula el billete. Probablemente, nunca le había pasado nada parecido.


-         Espera.. ¡Tú! ¡Eeeh! ¡El de negro!- Alex giró la cabeza- Mu... muchísimas gracias.


-         No tienes porqué dármelas.


Casi había llegado al final de la calle. Ya no creía en nada. No creía en la política, no creía en la suerte, no creía en su país. Ya no creía en la humanidad. Hubo un tiempo en el que creyó en la religión, pero ahora... ahora ni siquiera estaba seguro de eso. ¿Qué clase de Dios permitiría esta situación? O uno muy tirano, o un verdadero amante de la libertad. Prefería creer lo segundo. Caminaba por las calles vacías, que no parecían más que un bulevar de sueños rotos. Se sentía.. se sentía como si fuese una especie de Jesús de los suburbios.


 


http://es.wikipedia.org/wiki/American_Idiot

No hay comentarios:

Publicar un comentario