'Mi flor es efímera' dijo el Principito, '¡y solo tiene cuatro espinas para defenderse del mundo!'.
Cada persona del mundo es como la Rosa. Venimos aquí, para ocupar el suelo y consumir el aire durante ochenta años y marcharnos de la misma forma de la que llegamos. Te dan una cultura, un protocolo y unas ciertas normas sociales y pretenden que con eso salgas al mundo y que te lo comas. Pero, ¿saben? la inmensa mayoría de las veces, es el mundo el que te come a tí. El que coge tus modales, tu educación y tu cultura y las hace una bola de conocimientos inservibles. Te sonríe y te da otros. Otros que quizá no te enseñaron en tu casa, pero que te valdrán de mucho más cuando estés ahí solo. El mundo te enseñará la falsedad, la envidia y la avaricia. El mundo hará de la Rosa musgo. Menos bonito, menos puro y menos vistoso, pero más duradero y autosuficiente. La bondad de las personas, al igual que ellas, es efímera. Todo pasa, todo muere y todo se extingue. ¿Dónde están las buenas personas?
Es muy triste, pero valdrá la pena conservar tus espinas si eres capaz de encontrar otra rosa entre un jardín de musgo.
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