23 de agosto de 2013

Library Pictures

Hace ya muchos meses que cogí prestado de la biblioteca Así Habló Zaratustra. Sólo les quedaba un ejemplar disponible, bastante viejo y con la portada despegada. Nada más abrirlo, me encontré con que alguien (por la letra diría que una chica) antes que yo había entendido la palabra “préstamo” en el más amplio de sus sentidos, y se había dedicado a subrayarlo, redondearlo, dibujarlo e incluso tomar apuntes en los márgenes. Aquello me molestó profundamente. Me sentó como una patada en el estómago, la verdad. Es cierto que según iba leyendo el libro, alguno de los apuntes del profesor de la individua me ayudaron (por la redacción estaba claro que eso eran apuntes dictados por un profesor, ninguna niña tan tonta como para pintorrojear un libro que no es suyo sabría dar explicaciones tan amplias y claras). Incluso alguno de los dibujillos satíricos de Zaratustra tenían su gracia. Pero encontrar aquel libro de esa manera, en ese momento me pareció el crimen más vil e incompasivo del mundo.

Siempre he pensado, que el concepto de biblioteca es la utopía más palpable que ha conseguido desarrollar el hombre. Una institución te presta cualquiera de sus miles de libros, incluso varios a la vez, pidiéndote a cambio tan solo que los devuelvas. Y funciona. Es increíble. Creo que es lo más cerca que llegaremos a estar nunca del comunismo.

Y sin embargo, pese a lo maravilloso de la idea, existe gente capaz de mutilar libros, de destruir una fuente de saber que ni siquiera te pertenece. Es decir, te prestan algo, te dan una valiosísima oportunidad de aprender, de reflexionar o simplemente de amenizar tu tiempo, y tú la inviertes en destruir el bien ajeno y la posibilidad de que otras personas después de ti lo disfruten. ¿Cómo se puede ser tan egoísta?
Acabé Así Habló Zaratustra y me gustó. Pero antes de devolverlo, decidí por una vez ser el ying de aquel aparente yang. Cogí pegamento y me dediqué a arreglar la portada. Borré los rayujos que estaban a lápiz y aun tenían arreglo. Por último, cogí un post-it y escribí algo parecido a esto, para dejarlo pegado en alguna de las páginas del medio.
Tengo la costumbre de dejar post-it entre las páginas de los libros de la biblioteca que me han gustado mucho. No para spoilearlos, sólo para pedir al siguiente que sepa valorarlo, tal vez una opinión, o pedirle por favor que no mutile el libro.

Quién sabe, a lo mejor el próximo libro que coja me lo encuentro con post-it ajeno.

4 comentarios:

  1. LOS-LI-BROS-NO-SE-PRES-TAN (y por eso hace mil años que no piso una biblioteca para coger algo).

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pocos libros he prestado yo en mi vida y casi siempre he salido escaldada. Prestar un libro es casi siempre perder el libro, y el amigo (o al menos la opinión ingenua que tenías sobre él).
      De todas formas lo de la biblioteca es diferente. Quiero decir, que es horrible que la gente no devuelva los libros o los devuelva hechos un asco, pero no voy a dejar yo de usar el servicio por eso.

      Eliminar
  2. En esta vida hay dos clases de tontos: los que prestan libros y los que los devuelven. Luego hay un tercer tonto, el que los regala.

    Pues si yo encuentro apuntes y subrayados me alegro, siempre con respeto, pues te da visiones que te pueden aportar.

    ResponderEliminar