Una vez conocí a alguien que había aprendido a hablar cuatro idiomas con fluidez. Sin embargo, nunca hablaba con nadie, ni en su lengua materna ni en ninguna. Era fácil pensar, que haberse molestado en aprender aquello era una estupidez. Pero tal vez no aprendió los idiomas porque quisiera hablarlos.
A lo mejor sólo quería entender.
No hay comentarios:
Publicar un comentario