¿No os encanta imaginaros la vida de la gente que os cruzáis
por la calle? Sobre todo la de la gente a la que no conocéis, pero que no
paráis de encontraros. Yo estuve años cruzándome de frente todos los días con
la misma chica, siempre a la misma hora y en el mismo sitio. Era morena y con
flequillo, llevaba siempre el mismo abrigo rojo y una carpeta morada debajo del
brazo. Parecía obvio que iba de camino a la facultad, y la veía bajarse de un
autobús que venía desde Íscar. Se parecía un poco a Emily The Strange. Me
gustaba imaginar qué estudiaría exactamente, en qué iría pensando en el autobús
por las mañanas, cómo serían sus amigos y si ella también imaginaría mi vida
cuando nos cruzábamos. Siempre pensé que sería inteligente y simpática. Pero
eso no podía saberlo. Porque no nos conocemos.
Es curioso cómo nuestro mero aspecto físico puede crear ante
los demás la imagen de una personalidad determinada. Los gestos que hacemos,
cómo nos movemos, cómo tosemos. ¿Nunca te has preguntado qué piensa de ti la
gente simplemente con mirarte?
No hay comentarios:
Publicar un comentario