Hoy, me siento como Casandra. Veo como me condeno a mí misma, como me he impuesto una fecha, y como a partir de mañana, todo cambiará. Y no puedo hacer nada por evitarlo. Solo aprovechar el poco tiempo que me queda, para reirme, para pasarlo bien, para salir, para dar un abrazo, para sacar una sonrisa. Porque sé que mañana voy a soltarlo, porque todas las mentiras se descubren, y porque mañana, ya no habrán sonrisas que valgan.
¿Pero cómo disfrutar con esta angustia? ¿Se come a gusto el condenado a muerte su última cena? Se la come, pero... la digeriría mucho mejor en su casa un sábado por la noche.
No me apetece ni escribir...
...estoy totalmente condenada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario