16 de julio de 2012

En el currículum no puedes poner el botellón.

Hoy es 16 de julio del 2012. Me he dado cuenta, de que el mundo lo mueve el dinero, el amor y las ideas. Las dos primeras son fuerzas constantes, por mucho tiempo que pase, el concepto es el mismo. Las ideas por el contrario, parecen seguir un ciclo, son algo cambiante, que fluye, se destruye y se recompone. En los años 60, surgieron ideales pacifistas, libertarios y utópicos. Mucha gente dirá, que precisamente por este carácter utópico, no llegaron a ninguna parte, y no han sido más que una pérdida de tiempo en la vida de millones de personas. Pero lo cierto es que esas personas realmente creían en aquello, dio sentido a sus vidas, y estaban dispuestos a cambiar el mundo. Años más tarde, en los años 70, la gente se volvió contra todo aquello, contra la paz, el amor libre y la unidad, dando lugar al movimiento punk, marcado por ideas anarquistas y libertad ilimitada. Los juventud se caracterizaba por atípicos cortes de pelo, música ruidosa y el consumo indiscriminado de drogas. Para bien o para mal, había algo que querían, un motivo por el que actuar, estaban lo suficientemente vivos como para revelarse contra sus mayores y contra todo aquel que se pusiera delante. Influenciado por este movimiento, surgió el grunge veinte años después, movimiento similar pero despojado de la agresividad característica del punk. El grunge era un joven pasivo, deprimido, en desacuerdo con la sociedad del momento. Como los hippies, eran personas en contra del materialismo, del consumismo, partidarios de la paz y de la libertad de expresión. La juventud ha cambiado de forma notable a lo largo de la historia. Pero si algo tienen en común todas estas personas, era su deseo de innovar. Nadie quiere ser como sus padres, nadie quiere conformarse, nadie se queda sentado con 17 años. Bueno, ¿nadie? Yo estoy preocupada por esta generación. Tal vez mi preocupación se deba a que es la mía, pero me da la sensación de que es una generación que se ha sentado. Nada les mueve, nada importa, nada es digno de interés. Ni bueno ni malo. Simplemente a todo el mundo le da igual todo. La gente de mi edad ya no defiende la paz mundial, ni quieren quemar contenedores, ni hacer que el mundo se de la vuelta. Y eso que el mundo nunca a necesitado más que le den una patada. La gente pasa, la vida pasa, y la única ambición es que se nos de de comer a la hora que se levanta uno de la cama. ¿Qué clase de juventud es esa? No hay ideales, no hay principios, ¡no hay nada! Somos la generación de la indiferencia, y en mi opinión no hay nada peor que eso. Es comprensible que la gente de 40, 50 años, le de igual todo porque ya han vivido mucho, están ocupados trabajando y les duele la espalda. ¿Pero nosotros de qué diablos estamos cansados? Si no lo hacemos nosotros, no lo va a hacer nadie, y se está empezando a crear un vacío idealista, cultural y mundial que no sé ha donde nos puede llevar. ¿Qué les vamos a contar a nuestros hijos? ¿Tendremos siquiera hijos, o nos dará demasiada pereza? La adolescencia es una mierda.

2 comentarios:

  1. Supongo que la gente indiferente es la que no hace ruido. No sé cómo se recordará a nuestra generación, en realidad pienso lo que tú, que la mayoría están dormidos, pero quién sabe, puede que 4 de los que están despiertos le den un nombre digno a nuestra juventud.

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  2. Eso espero... la cosa es a ver si llegamos a ser cuatro.

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