29 de agosto de 2012
La persistencia de la memoria
Hace mucho que no escribo sobre nadie. No admiro a mucha gente, la verdad. Probablemente a cinco personas, más o menos (independientemente de si las conozco o no, de si viven o ya fallecieron). Una de esas personas, es Salvador Dalí. Siendo mi pintor favorito, y siendo su obra la principal razón de mi admiración, no es la única. Cualquier opinión es subjetiva, así que procuraré evitar el verbo ser para sustituirlo por considerar. Considero a Salvador Dalí un genio. En todos los sentidos. Tal vez fuese maleducado, soez y definitivamente no políticamente correcto. Bueno, si hubiera sido normal está claro que no habría sido un genio. Todo gran personaje tiene algo de excéntrico, algo de loco. Salvador Dalí estaba como una cabra, y quizás fuese esa la postura más cuerda en un mundo de locos. A la temprana edad de quince años, determinó que ‘seré un genio, y el mundo me admirará. Quizá seré despreciado e incomprendido, pero seré un genio, un gran genio, porque estoy seguro de ello’. Una afirmación un tanto narcisista, pero no por ello menos cierta. Fue alguien que dijo muchas cosas interesantes, muchas frases con las que me identifico y estoy de acuerdo. ‘Es curioso, a mi me interesa mucho más hablar, o estar en contacto con la gente que piensa lo contrario de lo que yo pienso, que de los que piensan lo mismo que pienso yo’. Dijo muchas cosas curiosas, eso está claro. Viajó mucho, fue un hombre interesado en conocer otras culturas, otros países y por supuesto otras formas de arte. Sobre su estancia en México afirmo que ‘de ninguna manera volveré a México. No soporto estar en un país más surrealista que mis pinturas’. Fue un artista que metió sus bigotes en la pintura, el dibujo, la escultura, la escritura, la fotografía y el cine. Apasionado por la música, la biología y las matemáticas. Se me hace difícil encontrar a alguien más completo, exceptuando a Da Vinci. Salvador Dalí no sólo fue un artista, fue un pensador. Cambió el mundo todo lo que un individuo actuando prácticamente en solitario puede cambiarlo. No estoy segura de cómo acabar este texto, pues me quedan tantas cosas que decir y a la vez tan pocas que no sean evidentes. Así que lo acabaré con un punto.

Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario