29 de septiembre de 2012

La mente primero y la boca después.

Escribo mucho sobre la vida, y sobre las personas, y sobre cómo funcionan las cosas. Y eso es gracioso porque tengo 17 insignificantes años y ni siquiera tengo claro cómo funciono yo. El caso es que al menos yo lo sé, y nunca soy rotunda, ni establezco leyes universales. Da la sensación de que las personas que más tiempo pasan hablando son las que más deberían permanecer calladas. Nadie sabe qué será del futuro. Conozco a pitonisas de 15 años, expertos en la ciencia abstracta del amor a los 20 y expertos en todo a todas las edades. No sabes nada. Nadie lo sabe, ¿por qué a la gente le resulta tan difícil callarse? Se nota que en el mundo dónde vivimos opinar es gratis. Sé que la vida no viene con manual de instrucciones, pero a todo el mundo deberían darle al nacer un mínimo de dos reglas básicas:

  • Si lo que vas a decir no mejorará el silencio, no lo digas.

  • Abre la mente antes de abrir la boca.


No creo que sea tan difícil de recordar, y el mundo mejoraría notablemente si todas las personas siguieran dos simples frases hechas.

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