7 de noviembre de 2012

Nacemos y morimos solos.

Nacemos solos y morimos solos. Habrán oído esta frase mil veces, a Orson Wells, al protagonista del Arte De Pasar De Todo, es igual, cita explotada y reciclada hasta la saciedad. En mi opinión es una afirmación terrible. Lo repetiré a ver si esta vez os impacta: nacemos y morimos solos. Solos. Solos significa en soledad, sin nadie, en ausencia de otras personas que compartan nuestra alegría, nuestro dolor y nuestra vida. No hay nadie en quien se pueda confiar. Nadie te va a ayudar, nadie te servirá de apoyo, nadie te dará nada. Definitivamente es una frase horrible. Pero apuesto a que la habrán escuchado innumerables veces, y nunca les ha causado verdadero escalofrío. Nacemos y morimos solos. Por un oído me entra y por el otro le sale. ¿Por qué? ¿Sólo a mí me importa nacer y morir sola? Claro que no. La soledad es posiblemente el mayor problema que el hombre ha tenido y jamás tendrá, no es un asunto trivial en absoluto. Entonces, ¿por qué a la gente no le impacta esta frase? ¿será tal vez porque no se lo creen? Es posible, pero poco probable. La mayoría de personas que hayan recapacitado sobre ello al menos un momento se habrá dado cuenta de que así es. El nacimiento y la muerte son de las pocas cosas que todas las personas tienen el común, sin importar el sexo, color o posición. Y todos lo hacemos solos. Si la gente sabe que nace y muere sola, y es un hecho que le importa, ¿por qué muestran indiferencia ante esta cita? Porque nacimiento y muerte son dos momentos, principio y fin, entre los cuales transcurren normalmente varios y largos años que la frase elude, y el hombre, satisfecho, supone pues que los pasará acompañado. La pregunta ahora es, ¿vivimos solos? Es fácil, reconfortante y bonito responder que no. Pero también es mentir.

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