Hacer nada en particular es la segunda cosa mejor del mundo.
La primera es hacer nada en particular por la mañana. No sé cómo he podido
vivir todo este tiempo teniendo clase los viernes. Siguiendo la joven tradición, hoy me he
levantado para desayunar patatas fritas, tortilla y tinto de verano. ¿Hay algo
que proporcione más felicidad a corto plazo que comer? Después, nos ha dado
(sí, esta historia lleva compañía, pero no pasa nada por publicarla porque es
compañía de confianza) por entrar a una librería infantil, a criticar o
recordar libros que leímos cuando éramos pequeñas. El Equipo Tigre, el Capitán
Calzoncillos, Memorias de Idhún, Kika Superbruja… qué bonita era la vida del
lector de ocho años. Todavía me acuerdo del día en que me salió mal un examen
de 5º y a modo de venganza cogí de la biblioteca Malditas Matemáticas.
Resultó ser un libro (mierda, sí, sobre matemáticas) genial, saqué un
sobresaliente en el examen y un año después gané un concurso sobre las
mismas. Diría que la vida es irónica, pero años más tarde me volví tonta otra
vez, aunque eso era algo que se veía venir.
Mientras avanzábamos
por las estanterías llenas de libros de colores, una mujer nos paró preguntándonos
“¿cómo lleváis gafas siendo tan niñas?”. Por increíble que parezca, hoy he
salido a la calle con gafas. Es la segunda vez en mi vida que lo hago, y la
verdad, no hay ninguna razón para ello. Es sólo que me he levantado demasiado
vaga como para abrir siquiera el bote de las lentillas. El caso es que yo no
conocía de nada a aquella mujer, pero algo en ella llamó mi atención. Puede que
fueran los ojos mal pintados de negro, tal vez que con esas gafas me recordaba a Sybill
Trelawney. No lo sé. El caso es que empezó hablándonos de miopía y acabó
haciendo un recorrido rápido por la historia de la filosofía. Yo sólo le dije
que mi filósofo favorito era Sartre, y a partir de ahí tiró del hilo y empezó a
hablar de Freud, Wittgenstein e incluso de Chaplin. Habló de historia, de cine
y de literatura, luego dijo adiós y se fue. Claramente estaba un poco de la
olla. ¿Pero y si es más interesante alguien a quien le falta un hervor que
todas esas personas monótonas y cuerdas?.
No lo sé. Me pregunto si alguien le respondería con un "hola"
cuando llegase a su casa.
A lo mejor no ese nivel de... 'cuckoo', pero siempre me termino juntando con gente (tías, generalmente) rematadamente idas de olla (que luego me dejan y son súperfelices y normales con sus parejas de turno [llantos.gif] por lo que puede que el loco de los cojones sea yo) y me parece algo divertidísimo, entretenidísimo y recomendable, la gente normal es aburrida y no aprendes una mierda.
ResponderEliminarPero no me hagas caso.
Amén a eso jajjajaj
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