18 de octubre de 2013

Autumn Shade II

Hacer nada en particular es la segunda cosa mejor del mundo. La primera es hacer nada en particular por la mañana. No sé cómo he podido vivir todo este tiempo teniendo clase los viernes.  Siguiendo la joven tradición, hoy me he levantado para desayunar patatas fritas, tortilla y tinto de verano. ¿Hay algo que proporcione más felicidad a corto plazo que comer? Después, nos ha dado (sí, esta historia lleva compañía, pero no pasa nada por publicarla porque es compañía de confianza) por entrar a una librería infantil, a criticar o recordar libros que leímos cuando éramos pequeñas. El Equipo Tigre, el Capitán Calzoncillos, Memorias de Idhún, Kika Superbruja… qué bonita era la vida del lector de ocho años. Todavía me acuerdo del día en que me salió mal un examen de 5º y a modo de venganza cogí de la biblioteca Malditas Matemáticas. Resultó ser un libro (mierda, sí, sobre matemáticas) genial, saqué un sobresaliente en el examen y un año después gané un concurso sobre las mismas. Diría que la vida es irónica, pero años más tarde me volví tonta otra vez, aunque eso era algo que se veía venir.
 Mientras avanzábamos por las estanterías llenas de libros de colores, una mujer nos paró preguntándonos “¿cómo lleváis gafas siendo tan niñas?”. Por increíble que parezca, hoy he salido a la calle con gafas. Es la segunda vez en mi vida que lo hago, y la verdad, no hay ninguna razón para ello. Es sólo que me he levantado demasiado vaga como para abrir siquiera el bote de las lentillas. El caso es que yo no conocía de nada a aquella mujer, pero algo en ella llamó mi atención. Puede que fueran los ojos mal pintados de negro, tal vez  que con esas gafas me recordaba a Sybill Trelawney. No lo sé. El caso es que empezó hablándonos de miopía y acabó haciendo un recorrido rápido por la historia de la filosofía. Yo sólo le dije que mi filósofo favorito era Sartre, y a partir de ahí tiró del hilo y empezó a hablar de Freud, Wittgenstein e incluso de Chaplin. Habló de historia, de cine y de literatura, luego dijo adiós y se fue. Claramente estaba un poco de la olla. ¿Pero y si es más interesante alguien a quien le falta un hervor que todas esas personas monótonas y cuerdas?.

No lo sé. Me pregunto si alguien le respondería con un "hola" cuando llegase a su casa.

2 comentarios:

  1. A lo mejor no ese nivel de... 'cuckoo', pero siempre me termino juntando con gente (tías, generalmente) rematadamente idas de olla (que luego me dejan y son súperfelices y normales con sus parejas de turno [llantos.gif] por lo que puede que el loco de los cojones sea yo) y me parece algo divertidísimo, entretenidísimo y recomendable, la gente normal es aburrida y no aprendes una mierda.

    Pero no me hagas caso.

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