29 de noviembre de 2013

Diet mountain dew

Abres los ojos. Nada.
Todos los días te levantas y haces un montón de cosas que a ningún sitio llevan. O al menos eso crees tú. Ser nihilista es fácil. Es fácil pensar que todo lo que haces da igual, porque nadie lo ve, porque a nadie le importa, y porque tú sólo quieres volverte a dormir. Pero todo importa. Importa muchísimo.
Todos conocemos (o al menos espero que todos tengamos esa suerte) a alguien que es agradable por naturaleza. Esa persona que siempre da los buenos días, sonríe, y te pregunta qué tal estás aunque realmente no pueda decirse que sois amigos. Cómo desearía ser así. Cómo desearía que ser agradable no fuera un esfuerzo.

Dar los buenos días es importante. Sonreír es importante. Es importante que alguien te conceda su atención, aunque sea por un par de minutos al día. Porque a vosotros no sé, pero a mí hay días que un saludo me alegra por varias horas. Probablemente estarás pensando que claro, que como a todo el mundo, a mí me alegra que esa persona por la que yo esté pillada me salude. NO. Dejad de romantizarlo todo. No tiene por qué ser un chico, no tiene por qué ser alguien que a mí me guste, es muchísimo más simple que eso. Me alegra que cualquier persona que en principio me cae bien, me de los buenos días. Me alegra que la gente me trate bien, y creo que eso es porque me trata bien poca gente. A mí y a todo el mundo. Vivimos en un ambiente de indiferencia, en el que todos pasamos de todos y para ser más o menos interesante tienes que crear una barrera imperial de distancia. Por qué. Dios santo, ¿por qué?
Si todos fuésemos como esa clásica persona agradable, la agradable por naturaleza, la vida sería mejor. Todos tendríamos pequeñas razones para estar contentos, y la gente sonreiría por la calle.



Todos esos pequeños gestos que pensamos que no sirven para nada, significan algo para alguien. Somos el resultado de todas las cosas que nos han dicho. No te conviertas en quién hizo que alguien se odiase a sí mismo.

3 comentarios: