25 de diciembre de 2013

Solitude is bliss

Yo no sé si la soledad es terrible o maravillosa. Porque a veces, cuando estás con gente, sólo quieres que se vayan. Quiero decir, cuando estás con gente todo el rato. A primera hora vas a clase (con gente), cuando las clases acaban vas a casa a comer (con gente), después tienes toda la tarde para estar (con más gente). ¿Y qué le queda a uno? ¿Cuándo se supone que es la hora de estar con uno mismo? Estar con uno mismo es importante, porque así como no puedes conocer a alguien si nunca quedáis juntos o habláis con cierta frecuencia, ¿cómo vas a conocerte a ti mismo si nadie te deja nunca a solas? A mí me encanta despertarme y estar sola. Me encanta desayunar sola, comer sola y cenar sola. Porque como lo que me da la gana, y puedo comer viendo la tele, poniendo la música muy alta o en absoluto silencio. Lo que más me gusta de estar sola es comer. Es la mejor experiencia del mundo. También me gusta estar sola por la calle. Me gusta andar hacia ninguna parte, con los auriculares puestos si puede ser, y andar solo porque sí. Andar sin nadie que me diga hacia dónde hacerlo, andar solamente por los sitios que me parezcan más bonitos o que huelan mejor. Sobre todo me gusta hacer eso si estoy en una ciudad que no es la mía, porque así tengo una probabilidad casi absoluta de no encontrarme con nadie. Me gusta ir sola al cine. Pero no me gusta cómo te mira la gente mientras haces cola para hacerlo. Más a mi favor, desearía que no hubiera gente, incluida la gente a la que no conozco.

Pero a veces estar solo es terrible. Cuando pasas mucho tiempo haciendo todas esas cosas, te sientes vacío. Empiezas a preguntarte si estás solo porque quieres o porque no hay nadie que quiera estar contigo. Y en realidad la respuesta es irrelevante, porque ya ni siquiera te das cuenta de cuándo empezaste a estar solo. Mira uno a todas partes y solo ve parejas. Parejas de novios, grupos de amigos, matrimonios, compañeros de trabajo, lo que sea, nadie va por ahí solo, y los que van solos es porque van de camino a encontrarse con alguien. La gente presupone que cuando se está solo, es porque se está esperando a que llegue alguien. Se espera, se busca, lo que sea, pero nadie está solo por propia elección, por Dios, eso es inconcebible. Y yo desearía estar sola para siempre, porque estar solo es divertido, pero acaba volviéndose una verdadera angustia. Se siente uno mal, siente que no sirve, siente que ha de haber una razón suprema por la que se ha llegado a aquello. Siente que estará solo para siempre, y eso le angustia aun más si cabe. Empiezas a pensar en las personas que conoces que han muerto solas, intentando buscarle un lado positivo a sus vidas y no lo encuentras. Nunca lo encuentras. Es siempre gente amargada, gente aburrida, gente con gatos y papel pintado en las paredes, o al menos son sólo esas personas las que te vienen a la mente. Y entonces piensas que ese es tu futuro, que te estás viendo a ti mismo, y la tristeza se apodera de tu ser para no soltarlo nunca.


La soledad es el imperio de la conciencia” – Gustavo Adolfo Bécquer 

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