26 de julio de 2015

All the cool girls are dead

Decía Gillian Flynn que Cool Girl es el cumplido definitivo. Ser una (¿cómo traducimos Cool Girl?) Chica Guay significa ser una mujer atractiva, brillante y divertida a la que le fascinen todos aquellos hobbies en torno a los que estructuras tu vida y que crees que te hacen único: tan único como a la Chica Guay. A la Chica Guay le encanta el sexo, los videojuegos, la cerveza barata y come toda la mierda precocinada que tú comes manteniendo mágicamente una talla 36: Cool Girls are above all hot.

La Chica Guay no es un concepto único; no se trata de un único tipo de mujer. Cada hombre (¿funciona esta idea en relaciones no heterosexuales? eso yo ya no lo sé) tiene su Chica Guay. Si es un indie de palo ella amará los vinilos, si el rap es su vida ella será Yolandi encarnada. A la Chica Guay le van los cómics, el rock alternativo, la dieta vegana, los versos de Bukowski, la Champions, echar unas canastas o cualquier otra cosa en la que tú estés metido. La Chica Guay nunca se queja. Su misión en la vida es complacerte, hacer todo lo que tú quieras y cuando tú quieras, comprender tus errores y no juzgarte nunca por ellos. La Chica Guay te entiende.

Sin embargo, como muy bien apunta Flynn, la Chica Guay no existe. Aun así todo hombre busca a la suya, a una que se autodenomine "diferente a las otras chicas". ¿Por qué siguen haciendo esto? ¿Qué sentido tiene emprender una búsqueda hacia lo imposible? ¿Es que acaso todos los hombres son tontos? Hay muchas deseando que se les lance esta pregunta, para responder con férrea convicción, casi religiosamente: sí. Pero no es eso lo que yo creo. Un hombre pasa un tercio de su vida buscando a su Chica Guay porque el mundo le pone muy difícil darse cuenta de que esa chica no existe. Todas las chicas hemos intentado en algún momento de nuestras vidas ser la Chica Guay. Muchas lo intentan desesperadamente hasta el fin de sus días. La Chica Guay es perfecta: todos los hombres quieren estar con Ella, y todas las mujeres, ser Ella. Cuando finges ser la Chica Guay no estás fingiendo ser quién tú querrías ser, sino quien otra persona quiere que seas. Buscar a la Chica Guay es triste, y fingir ser Ella es patético.

Quizá no sería tan grave si la historia acabara ahí. El concepto de Chica Guay puede extrapolarse a tantísimos niveles que da miedo. Los niños quieren ser divertidos, las chicas quieren ser guays, las mujeres quieren ser triunfadoras y las madres quieren ser la piedra angular de su familia. En cualquier etapa de tu vida siempre hay algo que es lo que deberías ser, y ya no me refiero a lo que la sociedad quiere que seas y de lo que quizá tú reniegas (como universitario, ingeniero o empleado fijo), sino a algo que va mucho más allá: lo que tú consideras que deberías ser. ¿No es extraño que todos aspiremos a lo mismo? Puede parecer que hay mil y una formas de vivir, e infinidad de personas en las que puedes llegar a convertirte, pero en realidad yo no creo que haya tantas. Hay gente que estudia y gente que no, gente que tiene un trabajo y gente que no, gente que tiene hijos y gente que no. Al final, ¿no buscan todos ellos lo mismo? ¿no buscan ser admirados por los que les rodean y envidiados por aquellos hacia quienes no sienten simpatía? ¿no buscamos todos ocupar un cierto lugar especial, y sobre todo imprescindible, en nuestro mundo particular?

Todo el mundo quiere ser guay. Pero cuando todo el mundo quiere lo mismo, aun sin conocerse ni tener nada a nivel personal que los una, ¿cómo podemos estar seguros de que eso es, como individuos, lo que queremos?

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