17 de septiembre de 2015

El día que decidí ser positiva

Yo siempre me he definido como una persona negativa. MUY negativa. Pero no negativa de “en esa travesía oscura que los mortales definen como adolescencia me maté yo”, sino negativa de “cuando tenía dos años mi madre me tiró un chupete a la basura y con él se fueron mi motivación y mis ganas de vivir”. En ocasiones, la negatividad trajo consigo anécdotas graciosas, así como fases de mi niñez y adolescencia peculiares y alguna acusación de brujería. Sin embargo, como era de esperar, con el tiempo la negatividad desembocó en depresión y en un pozo de frustraciones del que no hay quien salga una vez se ha metido el pie. Durante mucho tiempo dediqué este blog a escribir cosas que pensaba, la mayoría tristes porque así soy yo. Hubo un tiempo en el que estuve tan triste que ya ni siquiera me salían más cosas tristes que escribir, así que simplemente decidí suspenderlo. Hace un mes cumplí 20 años, y por tópico que suene, me di cuenta de que esto no podía seguir así. Estar triste es un estado que te consume y que se apodera de tu ser a una velocidad vertiginosa. Creo que al fin y al cabo, estar triste es en el fondo un vicio. No es que te guste y desearías dejar de hacerlo, pero por alguna razón que no te explicas, no es ni tan simple ni tan fácil. Sin embargo un buen día decidí hacerlo simple y fácil. Me levanté contenta (porque sí, que alguien esté deprimido no significa que no pueda atravesar breves periodos de tiempo en los que está contento) y decidí que iba a alargar ese estado lo máximo posible. No quería estar triste nunca más, e iba a hacer todo lo posible para evitarlo. Sonreí mucho, hice cosas divertidas y decidí hacer algo tonto y radical para conmemorar el momento. Llamé a la peluquería y decidí que cuando cumpliera 20 años, me iba a cortar 60 cm de pelo y que lo que quedase lo iba a teñir de pelirrojo. A los pocos días fui a la peluquería, me senté en la silla mágica y una chica casi tan joven como yo miró con pena mi melena que ya rozaba la cintura, para preguntar “¿seguro?”. Sonreí y dije “sí, seguro”. Me dejaron horrible. En ese momento quise soltar una lágrima, pero pensé “no, porque soy positiva ahora”. Así que me fui a mi casa, intenté peinarme más a mi gusto, y me di cuenta de que en realidad, no me quedaba mal. Los días siguientes salí mucho, comí mucho y me fui todos los días a la cama con una sonrisa. Es evidente que este estado, no puede durar eternamente. Pero el hecho de que un buen día te pase algo malo y te dejes llevar por esa situación hasta acabar en un estado que en realidad es mucho peor que la situación en sí, es una elección. Ser triste es una elección. Puedes estarlo, por supuesto, es algo sano y necesario; pero si te quedas ahí enfermarás, y pasará de un estado a una forma de ser (este ejemplo me lo voy a guardar para explicar a futuros alumnos el paso de to be a ser/estar, que es muy ilustrativo).



Un día decidí que ya no quería ser triste, y creo que es la mejor decisión que he tomado en toda mi vida.

6 comentarios:

  1. Gracias por escribir esto, de verdad. Es hora de que yo haga lo mismo.
    SIGUE ASÍ <3

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    1. Gracias a ti por escribir un comentario tan dulce. Un beso :)

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  2. Creo que en esta vida, muy por encima de estar alegre o triste, lo más importante es ser valiente.

    El día que una persona decide ser valiente, el mundo mejora un poco.

    Valiente para salir de esa zona de confort que he visto que tienes por ahí.
    Valiente para denunciar las injusticias.
    Valiente para dejar que te amen y amar.

    Para mí, hoy es el día que he decidido seguir tus publicaciones. A ver qué tal,¿no?

    Intentaré comentar sin faltas de ortografía.

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    1. Totalmente de acuerdo. Dejarse llevar es muy cómodo, pero sabe Dios por qué, las opciones más fáciles rara vez suelen ser las idóneas.

      Muchas gracias por comentar, intentaré escribir de forma más o menos constante, y tardar menos en responder!

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  3. La tristeza puede ser una elección, pero la depresión no.

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    1. Por supuesto, la depresión no es culpa de quién la padece. Sin embargo siempre puedes hacer algo para cambiar tu situación, por mínimo que sea y adaptado a la medida de tus posibilidades. La cuestión es hacerlo aunque cueste muchísimo trabajo, y no dejarse arrastrar por las circunstancias.

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