3 de octubre de 2015

Yo digo NO a las cucarachas

Hoy he llegado a casa corriendo, exhausta, jadeante ante la urgencia absoluta de cruzar el pasillo cual rayo y encerrarme en el baño a hacer pis. Vosotros diréis, “eso te pasa por tonta, haber ido al baño en la facultad” a lo que yo respondo NOOOOOORRL. Eso sería violar una norma autoimpuesta (una de millones) que reza que al baño de la facultad no se va jamás, bajo ninguna circunstancia, tengas de salvapantallas mental las cataratas del Niágara o lo que surja. La razón es que una vez, cuando estaba en 1º y era tierna, inocente y vestía toda de negro, encontré una cucaracha que dio lugar a la norma de forma automática. Puede parecer exagerado, pero no sabéis lo angustioso que es estar en una postura comprometida, haciendo equilibrios, con las medias por las rodillas y la mochila a pulso en una mano, observando como un ser asqueroso, repugnante y vomitivo pasea su heterometabólico cuerpo tan negro como el averno por la misma superficie en la que tú tienes apoyados tus pies. En conclusión, una y no más, Santo Tomás.

La cuestión es, que no he escrito una entrada para contaros que hoy he hecho pis. Pero pensar en mi Norma Anti Baños de la Facultad, me ha hecho reflexionar sobre si está bien crear normas de forma tan automática. No es que yo sea precisamente muy mayor, pero aun así, en mi corta estancia por este nuestro planeta, he podido comprobar que da igual a dónde vayas: toda experiencia tiene tres fases.

Fase 1: la ilusión. Esto es aplicable tanto a noviazgos, amistades, trabajos como cole nuevo. A no ser que tu meta en la vida sea morirte, y estés deseando que las cosas salgan mal para poder quejarte (¿me identifico yo con esto? Noquévaenabsoluto), cuando uno empieza algo nuevo lo empieza con ilusión. Haces preparativos, cábalas, planes y lo más peligroso de todo: expectativas. Esto nos lleva directos a la fase 2. 

Fase 2: la realidad. También conocida como la hostia el estrellazo. Es ese precioso momento en el que descubres que tus profesores no tienen todos un premio Nobel, que donde el contrato decía ocho horas en realidad quería decir doce o que a tus recién estrenados amigos en realidad no les gusta tantísimo Chicas Malas. Digo precioso porque todavía crees que no es para tanto; o mejor dicho, todavía no sabes que es para tanto. 

Fase 3: asumir la situación. Esta es la parte más dura. Consiste en darte cuenta poco a poco, de que esos pequeños chascos no son tan pequeños, y que no vas a poder ignorarlos durante un tiempo indefinido (para siempre) porque a la larga van a ser lo único en lo que te vas a fijar ("¿a dónde le han dado a este hombre el carnet de profesor? ¡¿en una tómbola?!" "¡¿cómo pueden hacerse llamar amigos míos si no saben quién es Regina George?!"). 

Fase 4: resolución del asunto. Esta fase no es exactamente una fase, sino cómo te enfrentas a la mierda que te ha tocado, asunto que depende ya de la situación, y sobre todo de cómo es cada uno. Hay situaciones que no presentan alternativa: si tu profe es tonto, retorcido y en general una mala persona, por mucho que te reviente, te vas a tener que aguantar. En el caso de otras personas puedes mandarlas a la mierda, resolución aplicable también a lugares, empleos y situaciones varias en general. Sin embargo, la cuestión es: si puedo mandar algo a la mierda, ¿debo mandarlo a la mierda? (vamos a dejar en el futuro un poquito en paz a la palabra "mierda").


Yo soy de las que piensa que en esta vida no hay que resignarse y que si algo no te gusta, algo deberías hacer para cambiarlo. Sin embargo, si algo he aprendido es que las decisiones tajantes no son la cosa más sabia del mundo, y que desembocan en la mayoría de los casos en arrepentimiento. Nuestro tiempo aquí es muy limitado, y parece que no nos sobra como para darle vueltas a todo. Pero si es posible, más vale vestirse despacio, darle una oportunidad a toda situación, y si finalmente nos decidimos a mandar algo a la mierda, no salpicar demasiado.


Dicho esto me marcho, aunque no os vayáis a pensar que porque me haya vuelto zen voy a volver a pisar los baños de mi facultad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario