La vida es como una película rodada en primera persona en una sola toma; la vida es algo muy parecido a Birdman. Empieza de repente, a veces parece que no pasa nada, y de repente coge carrerilla y va tan rápido que sólo quieres bajarte y vomitar. A lo largo de ese trayecto vertiginoso se te va cruzando gente. Unos se van, otros se quedan y a otros te da rabia no haber acertado a darles una buena yoya en marcha. La cuestión es que hay veces que de entre los que se marchan, hay algunos a los que no se puede evitar echar de menos de vez en cuando. Yo echo de menos a alguien que tengo la absoluta certeza de que no va a volver nunca. No le echo de menos todo el rato, la verdad es que no era perfecto ni mucho menos. Era llorica, ingenuo y se quejaba más que hacía. Era una de esas personas con poca capacidad de resolución de problemas; a veces simplemente se bloqueaba y entraba en un bucle inútil del que no había quien le sacara. Era una persona bastante triste, pero también tenía cualidades que hoy echo en falta. Sabía dedicarle tiempo a sus actividades favoritas, aunque no fueran las actividades favoritas de casi nadie y tuviera que realizarlas solo todo el tiempo. Escribía mucho, pensaba mucho y estaba todo el día leyendo. La verdad es que era alguien al que le interesaban un montón de cosas, bastantes más cosas que a mi. Eso es bueno, porque las personas interesantes tienen inquietudes. Era una persona bastante comprometida con aquellos que le importaban; demasiado, quizá. Supongo que sería porque le importaba un círculo extremadamente reducido de personas. O al menos a mi entonces así me lo parecía, porque hoy por hoy soy consciente de que te puede importar incluso menos gente. Era más apasionado que yo, creo. Como que tenía el alma más despierta. Eso le traía más disgustos que alegrías, pero creo que forma parte del camino para llegar a ser una buena persona. Ese alguien no llegó a ser la mejor persona del mundo, pero para ser sinceros, creo que no es precisamente un miserable. Ha aprendido a no ser una mala influencia para nadie, y a no dejar que aquellos que sí lo son puedan siquiera rozarle. Por azar o por suerte en su destino estaba escrito que un día dejaría de lado todo lo que le había acompañado hasta el momento, y entonces, sus días estarían contados.
Pese a todo a veces te echo de menos, Sara del pasado.
P.D.: La canción no tiene nada que ver con el texto, pero hace días que no puedo sacármela de la cabeza y como presente especial quiero maldeciros con ella. En realidad puede que sí tenga que ver y yo no lo sé, porque lo cierto es que soy incapaz de sacar la letra. Entre el acentazo madrileño de “yo esta canción la he escrito en una lengua que no es la mía, me la sé yo y si no la entiendes me da igual” y que hacen varias voces, sólo acierto a sacar que les parece ok que las manden whatsapp borrachos y que parece ser que los susodichos borrachos se les han metido entre ceja y ceja y las tienen loquitas. Si vuestro inglés de Malasaña es mejor que el mío, me lo hacéis saber.
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