No sé si os habéis dado cuenta ya de que amo hacer listas (al prota de una peli o un libro también le gustaba mucho... pero no recuerdo quién era). Debería hacer una lista de trabajos bonitos de los que a uno le encantaría vivir pero a los que es poco probable que se dedique. Uno sería decoradora de interiores. Mi madre siempre dice que yo no valdría para eso porque tengo un gusto horrible. Pero, ¿saben? A mí me gustaría mucho decorar casas. Tengo como cien mil ideas de cómo decorar mi cuarto... aunque la actual está bien, porque también lo decidí yo. Pero si pudiera, haría que pareciese una habitación de motel. Lo primero que haría sería plantar en la puerta el número de habitación, y ya no sería nunca más mi cuarto, sería la habitación 505. Luego pondría papel pintado, de ese superhortera que solo los hoteles baratos se atreven a poner, algún cuadro de Elvis en blanco y negro, un tocadiscos... y no sé, poco más. Las habitaciones de ese tipo suelen tener tocador, pero tocador implica espejos y yo odio los espejos. Soy como los vampiros. A lo mejor soy la única dieciseisañera de esta ciudad que no tiene ni un solo espejo en su cuarto, pero es que si tuviera uno tendría que pintarlo con pintura, darle la vuelta o taparlo con algo. También me gusta imaginar bares. Si tuviera un bar tendría también un serio problema, porque no podría decidirme entre las muchas ideas que tengo para él. Mi preferida es la que yo llamo Antro Alternativo. Sería estrecho, oscuro, alargado y con una barra infinita. La camarera tendría que llevar siempre botas de militar y medias de rejilla. ¡Ah! Y le obligaría a teñirse de pelirroja. Las mesas serían altas, con muchos taburetes, y sonaría todo el día Arctic Monkeys, Kasabian y The Vaccines. La gente iría con americana y converse... yo sería una buena dueña de un bar si algún día llego a tener uno.
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