15 de enero de 2012
Otro día de mierda.
Está todo negro. Abres los ojos. Para empezar no quieres salir de la cama pero tienes que hacerlo. Haces como que no y te das la vuelta. Al final cedes, es imposible no ceder a la vida. Te levantas, te duchas, desayunas, te vistes, y vas grogui a hacer algo que no te apetece realmente, siempre olvidando coger alguna cosa. Al final de la mañana no sale nada, nunca sale nada. ¿A dónde van todas las horas que no quisimos vivir? Comes. A veces bien, a veces regular. Te prometes hacer algo productivo, pero el tiempo pasa y nunca haces nada. Te obligas a salir, a 'pasártelo bien', dicen. Das vueltas, deambulas, discutes, y bueno, se supone que ya has hecho lo que tú querías hacer, aunque es mejor no suponer nada. No hay ganas de ir a casa, pero tampoco de quedarse. Te sientas en un banco, hace mucho frío pero no importa. No importa que llores si nadie puede verte. Sé que esto lo lee bastante gente, pero, ¿saben? Me da igual. Todo da tan igual en esta vida. Qué importa si a mí me gusta quedarme sola en la calle. Qué importa si la gente de mi edad es adicta a cientos de cosas. Qué importa si mueren niños, si nadie te ama, si vas a morir solo, si la vida es injusta, si la gente está en paro, si la felicidad es imposible y si ya nadie baila con zapatos planos. Nada importa y no recuerdo si alguna vez importó. ¿A dónde van todas las horas perdidas?
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