Hay tantas formas de ver la vida como personas hayan poblado la Tierra. Es un tema que siempre me ha interesado. ¿Qué es la vida para cada persona? Hay quién dirá que la vida es un momento, que la vida es sueño, que la vida es eso que pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes. Yo pienso que la vida es una sucesión de instantes en las que tienes que aguantar cada vez a más y más personas pesadas. Es lo que yo llamo la teoría de nacer por inercia y morir de aburrimiento. No es muy alentadora, pero ¿cuándo he sido yo alentadora?
Es probable que el problema sea yo, pero siempre he pensado que el 90% de personas que conozco son terriblemente pesadas. Que no digo malas, no digo estúpidas, sólo pesadas. Ser pesado ni siquiera está en contraposición necesaria con que me caigan bien, aunque es un dato importante. La gente está empeñada en embaucarte en sus problemas, en meterte en sus vidas y en que te preocupes por cosas que no te preocupan en absoluto. No se conforman con que a ellos les importen sus insignificantes quehaceres, ¡sino qué pretenden que a ti también te importen!
Me paso la vida hablando de cosas de las que no me apetece hablar, saludando a gente a la que me es totalmente indiferente que pasen un buen día o no, y diciendo “lo siento” por cosas que en realidad no siento en absoluto. ¡Qué vida tan absurda!
Pero, ¿saben? Lo absurdo no es mi vida. Lo absurdo es la vida. Pese a todos los protocolos, costumbres culturales y cosas hechas por educación que yo hago y digo cada día, creo que puedo afirmar rotundamente, que soy una de las personas que menos atada a ello está. Dentro del marco de la armonía social (que nos guste o no, yo y todos) me veo obligada a respetar, puedo decir orgullosa que hago bastante lo que me da la gana. Y aun así, sigo aguantando personas pesadas todos los días, con sus conversaciones monótonas y sus intereses insulsos. ¿Por qué? Porque eso es la vida, amigo. La represión constante del “esto no me interesa y ahora voy a levantarme”.
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