-hace una semana-
Hacía frío, mucho mucho mucho frío. Tanto, que por un
momento pensé que iban a caérseme los dedos. Pero pese a todo, allí estábamos.
Una rubia y dos castañas en una ciudad extranjera, comiendo un bocata y
observando de lejos a un chaval vestido de mono. Recuerdo perfectamente a la
gente que estaba a mi alrededor. Justo detrás había una pareja, de unos treinta
años, él más callado que ella, que era morena, con gafas y pinta de ser alguien
muy agradable. Justo delante había dos chicas, las dos vestidas con parcas con
capucha, con aspecto de tener muchísimo más frío que nosotras. Llevaban
converses bajas y hablaban con acento del sur. Algo más adelante había un grupo
muy grande de gente de nuestra edad, llevaban mantas, tabaco (y lo que no es
tabaco) y una cantidad insana de alcohol. Había una pelirroja, un chico con una
sudadera naranja, otro con flequillo y mucho pelo, una pareja que no paraba de
besarse y el chico vestido de mono. Era un chico muy delgadito, bastante guapo,
con unas playeras negras y una especie de pijama de cuerpo entero que actuaba a
modo de disfraz de mono, con botones en las caderas y capucha con orejas. Pero
no tenía cola. Supongo que cuando uno sabe que está a punto de vivir algo que
le importa se fija en todo, en todo en absoluto, en las cosas más estúpidas.
Todo aquel día fue raro y si tuviera que definirlo con una palabra sería
desorden. Por la mañana fui a la facultad, comí tan pronto que lo hice sin
hambre, y al llegar aquella cola desesperantemente infinita, lo único que hice
fue sacar un bocata de salchichón. Tampoco tenía hambre, no tuve hambre en todo
aquel maldito día, pero sentía que si no me lo comía me iba a morir de nervios.
En las dos horas de frío eterno nos preguntaron como tres veces si sabíamos de
alguien que vendiera entradas, hicimos preguntas estúpidas a la gente de
delante y a la de detrás, nos hicimos fotos horribles, stalkeamos con
prismáticos a los primeros de la cola, colamos a alguien, comimos, compramos
una chapa ilegal, y ¿he dicho ya que pasamos mucho frío? A la hora de la verdad
todo eso dio igual, porque se abrieron las puertas y aquella cola infinita cayó
en la anarquía. Corres o te quedas, corres o te quedas, corres o te quedas.
Pues qué vas a hacer, corres. No sé cómo lo hicimos pero acabamos metidas en el
primer bloque de personas. Estábamos más apretados que un grupo de
subsaharianos en la patera, y lo único que yo podía pensar es que alguien iba a
acercar demasiado el cigarro y a hacerme un chinote sabe Dios dónde. Ni
siquiera me atrevía a sacar la entrada por miedo a ser tan imbécil de dejarla
caer, ver cómo la multitud la pisoteaba y quedarme allí plantada. Había muchos
policías y un hombre que revisaba las mochilas. Había un policía especialmente
joven, de hecho no parecía mayor que nosotras, y pensé si le gustaría el grupo
y le estaría dando rabia perdérselo. Probablemente sea fruto de mi paranoia,
pero sentía que toda la seguridad nos miraba con especial ternura, con un
cierto aire de “míralas, qué pringadas”. Tras dejarnos arrastrar por aquella
multitud de zombies enloquecidos, estaba la puerta por fin, el paso definitivo.
Sacar entrada, entregar entrada, avanzar. Sacar entrada, entregar entrada,
avanzar. Sacar entrada, entregar entrada, no pasa, entregar entrada, ¿es
falsa?, ¡por Dios, no!, entregar entrada, que no va, entregar entrada, ay Dios
mío, entregar entrada, parece una fotocopia, entregar entrada, palidecer,
entregar entrada, señorita venga aquí, morirse. En el fondo el hombre
revisaentradas nos miró en todo momento con cara de “son tan tontas que es
imposible que la entrada sea falsa”, pero hasta que no te dejan en paz, se te
revuelve hasta la última célula. Recuerdo estar tan histérica, que al pasar el
cacharro por enésima vez y decir “ya va, ya va” sólo me salió gritar “¡¿pero
pasamos o no?!”. Definitivamente tengo una habilidad especial para parecer
tonta.
Al fin, dentro. Bueno, no. Había gente por todos los lados,
gente a la derecha, gente a la izquierda, gente corriendo, gente comprando
camisetas. Probamos en tres puertas y ninguna era la nuestra y yo creí que me
volvía loca. Lo encontramos, entramos, y POR FIN, nos sentamos. Lo malo había
pasado ya. No había estrés. Pillamos un sitio escogido a deseo y posamos
nuestros culos como quien hace pis para marcar el territorio. Ya nada podía
salir mal.
Os voy a ahorrar la parte de los teloneros porque me estoy
poniendo muy pesada y soy consciente de que en el fondo a vosotros esta entrada
no os interesa, es más bien algo que escribo para mí misma. Lo siento, Strypes,
si algún día volvemos a coincidir os dedicaré algo más de cinco líneas y una
mención pasajera.
Esperamos casi una hora desde que los Strypes acabaron. ¿Qué
clase de bestia inhumana y cruel hace eso? No estoy segura de si fue
maravilloso o terrible. Ana no paraba de usar los prismáticos para intentar
atisbar algo entre el humo, paranóica perdida creyendo que cualquier mancha de
mierda en el aire era la sombre de un tupé. De repente las luces se bajaron,
empezó a sonar una musiquilla aguda, tensa, y todo era azul. El corazón iba más
y más deprisa, y las 16.000 personas parecieron convertirse en un millón. Un grito, dos tres, miles. Un grito gigante e
inmenso. Allí estaban. Cuatro personas, personas normales estaban allí subidas,
saludando a un público que en aquel momento no esperaba a absolutamente nadie
más. Nick O’Malley, Alex Turner, Matt Helders y Jamie Cook. Iban impecables,
como sacados de un híbrido bizarro de Grease y el Padrino. Había barbas nuevas,
trajes oscuros, y aquella americana blanca brillante con solapas negras que
está claro que había sido un regalo de aniversario de Miles Kane. Extravagante
pero elegante. Bueno, y luego estaba Matt, que parecía que había salido a sacar
la basura a la una de la mañana. Mi teoría estrella es que como está sentado,
cree que no se le ve y que puede ponerse cualquier pantalón zarrapastroso que
encuentre porque de hecho ya es un detalle que use uno. Helders, querido, eres
batería, no presentador de telediario. Pero da igual, da absolutamente igual,
porque cuando suena la batería retumbante y seca de Do I Wanna Know? es
totalmente irrelevante si el hombre que produce tan maravilloso sonido lo hace
en pantalones o calzoncillos. Lo primero que hicimos fue marcar un número. El
número de Bea, porque era imprescindible que escuchara aquello a la vez que
nosotras. Supongo que cuando piensas mucho en alguien y deseas que estuviera
allí contigo, es casi como si así fuese. Y después. Descontrol.
- Do I wanna know?
- Brianstorm
- Dancing shoes
- Don't sit down cause I've moved your chair
- Teddy picker
- Crying lightning
- Fireside
- Reckless serenade
- Old yellow bricks
- One for the road
- Arabella
- I want it all
- I bet you look good on the dancefloor
- Cornerstone
- Piledriver waltz
- Why'd you only call me when you're high?
- Fluorescent adolescent
- I wanna be yours
- Snap out of it
- Mardy bum
- R U mine?
Espero por Dios bendito que nadie se percatase de mi presencia, porque bailar como una negra se queda corto. Entre la carrera de la cola digna de Usain Bolt, y Brianstorm en general, se podría decir que hice operación bikini para los próximos tres años. Qué sudada, qué flato, qué hiperactividad, qué todo. Los de al lado debían preguntarse si el recinto me pagaba para hacer de pseudogogó o ese patético espectáculo lo doy gratis. Grité tanto. Grité hasta quedarme sin voz y tener las comisuras de la boca en modo Joker los tres días siguientes. Get on you dancing shoes, you sexy little SWINE. Llevaba tanto, tanto, tanto tiempo esperando a oir esas palabras de los labios de Alex Turner, que cuando salieron casi oía más mi propia voz que la suya. Verle hacer la macarena, ¡es como un gif de tumblr viviente! Teddy Picker solía ser mi canción favorita de los monos cuando les conocí. Esas canciones que nada más empezar parecen llevarte a una época catorceañera, llena de acné y convicciones estúpidas. No se podia gritar más. Hubo un momento en el que sentí que las voces se amortiguaban, y por un momento, dejé de verlos. Se me iba la cabeza, la tenía como un bombo, y todo lo que podía pensar era “soy como esas fans que se desmayan en los conciertos de Backstreet Boys. DIOS, NO”. Me fallaron las piernas, me agarré a Ana, y supongo que una fuerza divina hizo que no me desmayase del todo. A día de hoy estoy segura de que se me petó la cabeza de tanto escuchar mis propios gritos. Soy tan fan que me puse mala. Qué.
Outside the
cafe by the cracker factory you were practisin' a magic trick. Crying
Lightning es tan bonita… no es bonita, sólo es genial. Said you're mistaken if you're thinkin' that I haven't
been called “cold” before. Es de esas en las que uno no puede evitar
recrear su videoclip particular en su cabeza. Your past times consisted of the strange and
twisted and deranged, and I love that little game you had called Crying Lightning.
Y al oírlo allí, fue como un millón de veces mejor. Odio Fireside. No me
puedo creer que tocasen Reckless Serenade y Piledriver Waltz, especialmente la
segunda. Ese sentimiento de que son canciones que a casi nadie les gustan y lo
tocan especialmente para ti. Recuerdo cantar a pleno pulmón, dejarme la voz y
el alma, y que sólo se me oyese a mí entre la grada muerta. ¿Por qué nadie se
la sabía? ¿Por qué a nadie le gustaba? ¿Por qué nadie cantaba? Me da
exactamente igual. Quizá incluso lo agradezca. Gracias público inerte por
hacerme sentir que esa era mi canción, mía y sólo mía. Oh, Piledriver. Les
maldecí cada vez que sonaba otra canción del último disco. No abuses de mi
confianza, pequeño Turner. I Bet You Look fue motivación absoluta, momento
clásico esperado, y en Cornerstone me di cuenta de que era feliz. Me sorprendí
a mí misma con una sonrisa amplia, más que amplia inmensa, sin saber si quiera
cuando se había dibujado en mi cara. Y ahí sabes, cuando no puedes bajarla
sabes, que ese momento es un instante precioso. You can call me anything you want. Porque
es increíble que la música llegue tan lejos, que signifique tanto, que tenga
ese poder. El poder maravilloso de mover a las personas y de ser terriblemente
influyente en su estado de ánimo. Old Yellow Bricks era de Andrea. You're at a loss, just because, it wasnt
all that you thought it was. You are a fugitive but you don’t know what you're
running away from. She said I want to sleep in the city that never wakes up,
and revel in nostalgia. I know I said he wants to sleep in the city that never
wakes up but, Dorothy was right though.
Fluorescent Adolescent fue la primera canción de ellos que
escuché. En un video de youtube, un video que colgué en su día en este mismo
blog y que por ser propiedad de Canal Plus ha sido desterrado de internet para
siempre. Uno en el que al llegar a la parte de “was it a Mecca dauber or a
betting pencil?”, Alex miraba a Matt, no se aguantaban, y les entraba la risa.
No se rieron el viernes. Pero yo podía recordar el momento exacto en el que
deberían haberlo hecho. Después de I Wanna Be Yours desaparecieron, y aunque
había visto mil directos en internet y tenía la absoluta certeza de que
volverían a tocar dos o tres canciones más, a medida que pasaban los minutos la
angustia me invadía y las dudas se apoderaban de mi ser. Ana y Andrea estaban
desesperadas, y en el público se iba dibujando una actitud de “no van a volver”.
Pero volvieron.
Well now then Mardy Bum. Mil lucecitas blancas llenaron el
Palacio de los Deportes, recreando un efecto de bola de discoteca. Y allí
estaba la vieja canción ártica, en versión acústica con los acordes robados a
Oasis. No tocaron 505 y no sé si voy a ser capaz de perdonar eso… pero supongo
que Mardy Bum en acústico hace posible que perdones cualquier cosa. No hubo
orquesta, como en el Glastonbury, pero era tan bonita que no importaba. Pensé
que lloraría, pero no. Sólo estaba cansada, feliz y satisfecha. On a day like today when you're all
argumentative… and you've got the face on.
R U Mine?, y todo había acabado. Ya está. Cola infinita
hasta el baño (comparable al baño de Trainspotting), aire fresco, cena, Hard
Rock y a casa. Se acabó el sueño de cuatro meses y pico.
No quiero alargarme más porque soy consciente de lo larga y
pesada que es esta entrada, y del poco interés general que tiene. Pero como
conclusión, conclusión de la experiencia, saco que lo más importante es la
esperanza. Los Arctic Monkeys no son para tanto. Un concierto no es para tanto.
Nada es para tanto. Pero esperar algo durante mucho tiempo, te hace ser feliz.
Te hace tener una razón para continuar, para levantarte, para ahorrar, un
objetivo común con tus amigas. Y eso está bien. Está bien tener razones, está
bien tener una pequeña cosa futura que te alegre. Está bien estar alegre.
Porque estar triste es muy fácil, pero también es oscuro y vacío. La tristeza
es el pozo de la vida. Es fácil caer, pero se hace duro salir.
Las cosas que esperamos de la vida son las pequeñas metas
que te libran de caer en ese pozo. El año pasado lei algo en la agenda del colegio,
una de esas frases motivadoras que vienen en cada página de la semana y que
normalmente son una estupidez. Pero de todas esas estupideces, había una, sólo
una, que me pareció cierta e importante: “la dicha de la vida consiste en tener
siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar”.
He aguantado la entrada hasta el final eh!! Gran escrito, transmites muy bien lo que sientes y escuchas buena música, grande la Blancobain. De un seguidor de Twitter!!!
ResponderEliminarTIIIIIIIIA LE QUIEROOOOOOOOOOOOOOOOOOO
ResponderEliminarVale Ana, muy sutil tu anonimato xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD
EliminarAy, quiero tener 18 años otra vez.
ResponderEliminarEra la tercera vez que los veía así que tampoco tenía _tanta_ ilusión. Pero, una cosa, ¿no cogiste entrada de pista? Nosotros llegamos justos de tiempo y a en punto de cervezas y entramos sin problemas hasta muy cerca del escenario.
En fin, ay, que nos alegramos todos de que lo hayas disfrutado, y sí, en acústico y sin orquesta queda un poco coja. Y Turner no canta 505 desde el incidente del iTunes Festival, don't remember the fucking wooooords.
No me atreví a coger pista. Resultó que la cola no valía para nada, porque mismamente yo estaba en la mitad y acabé de las primeras... pero eso no podía saberlo. Si se hubiese respetado la cola y hubiese cogido entrada de pista me habría comido los mocos. Así que solo por la tranquilidad que da la grada, no me arrepiento.
Eliminar"Nos alegramos todos" jajajjajajaj además de verdad, ¡por fin se acabó la tabarra! xD
No había caído en eso, aunque la verdad que no me extraña porque fue lamentable. Gracioso, pero lamentableeee ouh yeahhhh babyyy
Dios, me ha encantado esta entrada. Es que yo acabo de ir a un concierto de Avenged Sevenfold (no sé si te sonarán) y me has hecho revivir todo lo que sentí. Enloquecí y me sentí auténtica. Pero no comentes esto en casa, supuestamente yo no estuve allí, y ya sabes lo que cascan unos padres con otros...
ResponderEliminarHace mucho que no les escucho, pero sí les conozco; me alegro de que lo pasases bien :)
EliminarJjajajajaj no te preocupes, lo que entre primas se cuece, entre primas se queda ;)