22 de noviembre de 2013

505

-hace una semana-

Hacía frío, mucho mucho mucho frío. Tanto, que por un momento pensé que iban a caérseme los dedos. Pero pese a todo, allí estábamos. Una rubia y dos castañas en una ciudad extranjera, comiendo un bocata y observando de lejos a un chaval vestido de mono. Recuerdo perfectamente a la gente que estaba a mi alrededor. Justo detrás había una pareja, de unos treinta años, él más callado que ella, que era morena, con gafas y pinta de ser alguien muy agradable. Justo delante había dos chicas, las dos vestidas con parcas con capucha, con aspecto de tener muchísimo más frío que nosotras. Llevaban converses bajas y hablaban con acento del sur. Algo más adelante había un grupo muy grande de gente de nuestra edad, llevaban mantas, tabaco (y lo que no es tabaco) y una cantidad insana de alcohol. Había una pelirroja, un chico con una sudadera naranja, otro con flequillo y mucho pelo, una pareja que no paraba de besarse y el chico vestido de mono. Era un chico muy delgadito, bastante guapo, con unas playeras negras y una especie de pijama de cuerpo entero que actuaba a modo de disfraz de mono, con botones en las caderas y capucha con orejas. Pero no tenía cola. Supongo que cuando uno sabe que está a punto de vivir algo que le importa se fija en todo, en todo en absoluto, en las cosas más estúpidas. Todo aquel día fue raro y si tuviera que definirlo con una palabra sería desorden. Por la mañana fui a la facultad, comí tan pronto que lo hice sin hambre, y al llegar aquella cola desesperantemente infinita, lo único que hice fue sacar un bocata de salchichón. Tampoco tenía hambre, no tuve hambre en todo aquel maldito día, pero sentía que si no me lo comía me iba a morir de nervios. En las dos horas de frío eterno nos preguntaron como tres veces si sabíamos de alguien que vendiera entradas, hicimos preguntas estúpidas a la gente de delante y a la de detrás, nos hicimos fotos horribles, stalkeamos con prismáticos a los primeros de la cola, colamos a alguien, comimos, compramos una chapa ilegal, y ¿he dicho ya que pasamos mucho frío? A la hora de la verdad todo eso dio igual, porque se abrieron las puertas y aquella cola infinita cayó en la anarquía. Corres o te quedas, corres o te quedas, corres o te quedas. Pues qué vas a hacer, corres. No sé cómo lo hicimos pero acabamos metidas en el primer bloque de personas. Estábamos más apretados que un grupo de subsaharianos en la patera, y lo único que yo podía pensar es que alguien iba a acercar demasiado el cigarro y a hacerme un chinote sabe Dios dónde. Ni siquiera me atrevía a sacar la entrada por miedo a ser tan imbécil de dejarla caer, ver cómo la multitud la pisoteaba y quedarme allí plantada. Había muchos policías y un hombre que revisaba las mochilas. Había un policía especialmente joven, de hecho no parecía mayor que nosotras, y pensé si le gustaría el grupo y le estaría dando rabia perdérselo. Probablemente sea fruto de mi paranoia, pero sentía que toda la seguridad nos miraba con especial ternura, con un cierto aire de “míralas, qué pringadas”. Tras dejarnos arrastrar por aquella multitud de zombies enloquecidos, estaba la puerta por fin, el paso definitivo. Sacar entrada, entregar entrada, avanzar. Sacar entrada, entregar entrada, avanzar. Sacar entrada, entregar entrada, no pasa, entregar entrada, ¿es falsa?, ¡por Dios, no!, entregar entrada, que no va, entregar entrada, ay Dios mío, entregar entrada, parece una fotocopia, entregar entrada, palidecer, entregar entrada, señorita venga aquí, morirse. En el fondo el hombre revisaentradas nos miró en todo momento con cara de “son tan tontas que es imposible que la entrada sea falsa”, pero hasta que no te dejan en paz, se te revuelve hasta la última célula. Recuerdo estar tan histérica, que al pasar el cacharro por enésima vez y decir “ya va, ya va” sólo me salió gritar “¡¿pero pasamos o no?!”. Definitivamente tengo una habilidad especial para parecer tonta.

Al fin, dentro. Bueno, no. Había gente por todos los lados, gente a la derecha, gente a la izquierda, gente corriendo, gente comprando camisetas. Probamos en tres puertas y ninguna era la nuestra y yo creí que me volvía loca. Lo encontramos, entramos, y POR FIN, nos sentamos. Lo malo había pasado ya. No había estrés. Pillamos un sitio escogido a deseo y posamos nuestros culos como quien hace pis para marcar el territorio. Ya nada podía salir mal.

Os voy a ahorrar la parte de los teloneros porque me estoy poniendo muy pesada y soy consciente de que en el fondo a vosotros esta entrada no os interesa, es más bien algo que escribo para mí misma. Lo siento, Strypes, si algún día volvemos a coincidir os dedicaré algo más de cinco líneas y una mención pasajera.
Esperamos casi una hora desde que los Strypes acabaron. ¿Qué clase de bestia inhumana y cruel hace eso? No estoy segura de si fue maravilloso o terrible. Ana no paraba de usar los prismáticos para intentar atisbar algo entre el humo, paranóica perdida creyendo que cualquier mancha de mierda en el aire era la sombre de un tupé. De repente las luces se bajaron, empezó a sonar una musiquilla aguda, tensa, y todo era azul. El corazón iba más y más deprisa, y las 16.000 personas parecieron convertirse en un millón.  Un grito, dos tres, miles. Un grito gigante e inmenso. Allí estaban. Cuatro personas, personas normales estaban allí subidas, saludando a un público que en aquel momento no esperaba a absolutamente nadie más. Nick O’Malley, Alex Turner, Matt Helders y Jamie Cook. Iban impecables, como sacados de un híbrido bizarro de Grease y el Padrino. Había barbas nuevas, trajes oscuros, y aquella americana blanca brillante con solapas negras que está claro que había sido un regalo de aniversario de Miles Kane. Extravagante pero elegante. Bueno, y luego estaba Matt, que parecía que había salido a sacar la basura a la una de la mañana. Mi teoría estrella es que como está sentado, cree que no se le ve y que puede ponerse cualquier pantalón zarrapastroso que encuentre porque de hecho ya es un detalle que use uno. Helders, querido, eres batería, no presentador de telediario. Pero da igual, da absolutamente igual, porque cuando suena la batería retumbante y seca de Do I Wanna Know? es totalmente irrelevante si el hombre que produce tan maravilloso sonido lo hace en pantalones o calzoncillos. Lo primero que hicimos fue marcar un número. El número de Bea, porque era imprescindible que escuchara aquello a la vez que nosotras. Supongo que cuando piensas mucho en alguien y deseas que estuviera allí contigo, es casi como si así fuese. Y después. Descontrol.
  1. Do I wanna know?
  2. Brianstorm
  3. Dancing shoes
  4. Don't sit down cause I've moved your chair
  5. Teddy picker
  6. Crying lightning
  7. Fireside
  8. Reckless serenade
  9. Old yellow bricks
  10. One for the road
  11. Arabella
  12. I want it all
  13. I bet you look good on the dancefloor
  14. Cornerstone
  15. Piledriver waltz
  16. Why'd you only call me when you're high?
  17. Fluorescent adolescent
  18. I wanna be yours
  19. Snap out of it
  20. Mardy bum
  21. R U mine?

Espero por Dios bendito que nadie se percatase de mi presencia, porque bailar como una negra se queda corto. Entre la carrera de la cola digna de Usain Bolt, y Brianstorm en general, se podría decir que hice operación bikini para los próximos tres años. Qué sudada, qué flato, qué hiperactividad, qué todo. Los de al lado debían preguntarse si el recinto me pagaba para hacer de pseudogogó o ese patético espectáculo lo doy gratis. Grité tanto. Grité hasta quedarme sin voz y tener las comisuras de la boca en modo Joker los tres días siguientes. Get on you dancing shoes, you sexy little SWINE. Llevaba tanto, tanto, tanto tiempo esperando a oir esas palabras de los labios de Alex Turner, que cuando salieron casi oía más mi propia voz que la suya. Verle hacer la macarena, ¡es como un gif de tumblr viviente! Teddy Picker solía ser mi canción favorita de los monos cuando les conocí. Esas canciones que nada más empezar parecen llevarte a una época catorceañera, llena de acné y convicciones estúpidas. No se podia gritar más. Hubo un momento en el que sentí que las voces se amortiguaban, y por un momento, dejé de verlos. Se me iba la cabeza, la tenía como un bombo, y todo lo que podía pensar era “soy como esas fans que se desmayan en los conciertos de Backstreet Boys. DIOS, NO”. Me fallaron las piernas, me agarré a Ana, y supongo que una fuerza divina hizo que no me desmayase del todo. A día de hoy estoy segura de que se me petó la cabeza de tanto escuchar mis propios gritos. Soy tan fan que me puse mala. Qué.


Outside the cafe by the cracker factory you were practisin' a magic trick. Crying Lightning es tan bonita… no es bonita, sólo es genial. Said you're mistaken if you're thinkin' that I haven't been called “cold” before. Es de esas en las que uno no puede evitar recrear su videoclip particular en su cabeza. Your past times consisted of the strange and twisted and deranged, and I love that little game you had called Crying Lightning. Y al oírlo allí, fue como un millón de veces mejor. Odio Fireside. No me puedo creer que tocasen Reckless Serenade y Piledriver Waltz, especialmente la segunda. Ese sentimiento de que son canciones que a casi nadie les gustan y lo tocan especialmente para ti. Recuerdo cantar a pleno pulmón, dejarme la voz y el alma, y que sólo se me oyese a mí entre la grada muerta. ¿Por qué nadie se la sabía? ¿Por qué a nadie le gustaba? ¿Por qué nadie cantaba? Me da exactamente igual. Quizá incluso lo agradezca. Gracias público inerte por hacerme sentir que esa era mi canción, mía y sólo mía. Oh, Piledriver. Les maldecí cada vez que sonaba otra canción del último disco. No abuses de mi confianza, pequeño Turner. I Bet You Look fue motivación absoluta, momento clásico esperado, y en Cornerstone me di cuenta de que era feliz. Me sorprendí a mí misma con una sonrisa amplia, más que amplia inmensa, sin saber si quiera cuando se había dibujado en mi cara. Y ahí sabes, cuando no puedes bajarla sabes, que ese momento es un instante precioso. You can call me anything you want. Porque es increíble que la música llegue tan lejos, que signifique tanto, que tenga ese poder. El poder maravilloso de mover a las personas y de ser terriblemente influyente en su estado de ánimo. Old Yellow Bricks era de Andrea. You're at a loss, just because, it wasnt all that you thought it was. You are a fugitive but you don’t know what you're running away from. She said I want to sleep in the city that never wakes up, and revel in nostalgia. I know I said he wants to sleep in the city that never wakes up but, Dorothy was right though.

Fluorescent Adolescent fue la primera canción de ellos que escuché. En un video de youtube, un video que colgué en su día en este mismo blog y que por ser propiedad de Canal Plus ha sido desterrado de internet para siempre. Uno en el que al llegar a la parte de “was it a Mecca dauber or a betting pencil?”, Alex miraba a Matt, no se aguantaban, y les entraba la risa. No se rieron el viernes. Pero yo podía recordar el momento exacto en el que deberían haberlo hecho. Después de I Wanna Be Yours desaparecieron, y aunque había visto mil directos en internet y tenía la absoluta certeza de que volverían a tocar dos o tres canciones más, a medida que pasaban los minutos la angustia me invadía y las dudas se apoderaban de mi ser. Ana y Andrea estaban desesperadas, y en el público se iba dibujando una actitud de “no van a volver”. Pero volvieron.



Well now then Mardy Bum. Mil lucecitas blancas llenaron el Palacio de los Deportes, recreando un efecto de bola de discoteca. Y allí estaba la vieja canción ártica, en versión acústica con los acordes robados a Oasis. No tocaron 505 y no sé si voy a ser capaz de perdonar eso… pero supongo que Mardy Bum en acústico hace posible que perdones cualquier cosa. No hubo orquesta, como en el Glastonbury, pero era tan bonita que no importaba. Pensé que lloraría, pero no. Sólo estaba cansada, feliz y satisfecha. On a day like today when you're all argumentative… and you've got the face on.
R U Mine?, y todo había acabado. Ya está. Cola infinita hasta el baño (comparable al baño de Trainspotting), aire fresco, cena, Hard Rock y a casa. Se acabó el sueño de cuatro meses y pico.

No quiero alargarme más porque soy consciente de lo larga y pesada que es esta entrada, y del poco interés general que tiene. Pero como conclusión, conclusión de la experiencia, saco que lo más importante es la esperanza. Los Arctic Monkeys no son para tanto. Un concierto no es para tanto. Nada es para tanto. Pero esperar algo durante mucho tiempo, te hace ser feliz. Te hace tener una razón para continuar, para levantarte, para ahorrar, un objetivo común con tus amigas. Y eso está bien. Está bien tener razones, está bien tener una pequeña cosa futura que te alegre. Está bien estar alegre. Porque estar triste es muy fácil, pero también es oscuro y vacío. La tristeza es el pozo de la vida. Es fácil caer, pero se hace duro salir.

Las cosas que esperamos de la vida son las pequeñas metas que te libran de caer en ese pozo. El año pasado lei algo en la agenda del colegio, una de esas frases motivadoras que vienen en cada página de la semana y que normalmente son una estupidez. Pero de todas esas estupideces, había una, sólo una, que me pareció cierta e importante: “la dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar”.

7 comentarios:

  1. He aguantado la entrada hasta el final eh!! Gran escrito, transmites muy bien lo que sientes y escuchas buena música, grande la Blancobain. De un seguidor de Twitter!!!

    ResponderEliminar
  2. TIIIIIIIIA LE QUIEROOOOOOOOOOOOOOOOOOO

    ResponderEliminar
  3. Ay, quiero tener 18 años otra vez.

    Era la tercera vez que los veía así que tampoco tenía _tanta_ ilusión. Pero, una cosa, ¿no cogiste entrada de pista? Nosotros llegamos justos de tiempo y a en punto de cervezas y entramos sin problemas hasta muy cerca del escenario.

    En fin, ay, que nos alegramos todos de que lo hayas disfrutado, y sí, en acústico y sin orquesta queda un poco coja. Y Turner no canta 505 desde el incidente del iTunes Festival, don't remember the fucking wooooords.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No me atreví a coger pista. Resultó que la cola no valía para nada, porque mismamente yo estaba en la mitad y acabé de las primeras... pero eso no podía saberlo. Si se hubiese respetado la cola y hubiese cogido entrada de pista me habría comido los mocos. Así que solo por la tranquilidad que da la grada, no me arrepiento.

      "Nos alegramos todos" jajajjajajaj además de verdad, ¡por fin se acabó la tabarra! xD

      No había caído en eso, aunque la verdad que no me extraña porque fue lamentable. Gracioso, pero lamentableeee ouh yeahhhh babyyy

      Eliminar
  4. Dios, me ha encantado esta entrada. Es que yo acabo de ir a un concierto de Avenged Sevenfold (no sé si te sonarán) y me has hecho revivir todo lo que sentí. Enloquecí y me sentí auténtica. Pero no comentes esto en casa, supuestamente yo no estuve allí, y ya sabes lo que cascan unos padres con otros...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hace mucho que no les escucho, pero sí les conozco; me alegro de que lo pasases bien :)
      Jjajajajaj no te preocupes, lo que entre primas se cuece, entre primas se queda ;)

      Eliminar